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Promover la diversidad en la educación superior, mediante la inclusión de personas que tradicionalmente han estado ajenas a este espacio, representa una innegable oportunidad, pero al mismo tiempo sigue siendo un desafío en nuestro país. Un grupo para el que la transición a este nivel educativo ha sido particularmente compleja es el de las personas con discapacidad. Por una parte, las instituciones de educación secundaria tienen bajas expectativas de ellas y no les brindan la orientación necesaria sobre las posibilidades de acceso a la educación terciaria. Por otra, aún no hay directrices específicas ni claridad sobre cuáles son los recursos disponibles para estos estudiantes ni los apoyos que podrían recibir.

Considerando que las instituciones de educación superior técnica profesional (ESTP) tienen como misión “asegurar el desarrollo de la diversidad de talentos y capacidades”, y que además cumplen un rol fundamental en reducir la brecha entre los estudiantes de los primeros quintiles de ingreso y la población más vulnerable, quisimos poner el foco en ellas y analizar cuál es la probabilidad de que una persona que presenta necesidades educativas especiales (NEE) ingrese a una institución de este tipo. Es así como -con el patrocinio del Centro de Políticas Públicas UC- desarrollamos el estudio “Apoyos a estudiantes con necesidades educativas especiales en educación superior técnica profesional: un desafío pendiente en Chile”, en el que constatamos que las personas con NEE tienen 12% menos de posibilidades de matricularse en la educación superior que sus pares. Además, observamos que es más probable que accedan a centros de formación técnica o institutos profesionales que a universidades.

En este escenario, es clave que a nivel de política pública se tomen medidas que aporten a la inclusión de estudiantes con NEE en la educación técnica profesional. Considerando que los actuales lineamientos son generales a las instituciones de educación superior, se hace necesario entregar orientaciones específicas para la técnica profesional. Estas deberían considerar el carácter práctico y de ejecución de sus carreras. Por ejemplo, existe un método que ha dado buenos resultados en Estados Unidos y Australia: la participación de personas especialmente dedicadas a dar soporte a los estudiantes con NEE, como “tutores sombra”, que les dan una inducción y los orientan para que paulatinamente sean más autónomos en las tareas encomendadas.

Por otro lado, se debe tener en cuenta la transición al mundo laboral y la forma en que se vincula la educación en ESTP con la Ley de Inclusión Laboral, lo que significa más oportunidades de participación, las que, sin embargo, se pierden si no hay una adecuada comunicación entre las organizaciones educativas y las laborales. Respecto al financiamiento, creemos que, dadas las particularidades de estas instituciones, sería importante generar fondos exclusivos para ellas o para sus estudiantes que presenten discapacidad. Al revisar qué entidades se adjudican fondos de SENADIS, en general se observan más universidades que instituciones de ESTP.

Favorecer el acceso de estudiantes con NEE a la educación superior es fundamental para ampliar sus capacidades profesionales y sus posibilidades de empleabilidad, pero también lo es para avanzar a ser una sociedad más inclusiva. Esperamos que tanto el gobierno como las instituciones de educación superior, contribuyan a generar políticas robustas que permitan ir en esa dirección.

Por Ernesto Treviño, Facultad de Educación UC; Eugenia Victoriano, candidata a doctora de la Facultad de Educación UC; e Isabel Zúñiga, Fundación Mis Talentos