James Robinson

En entrevista con La Tercera PM, el académico de la Universidad de Chicago y autor de uno de los libros de referencia de la ciencia política moderna, plantea que la situación que enfrenta Chile es el reflejo de la falta de inclusión de las élites chilenas con el resto de la población. Sin embargo, y entregando un mensaje de optimismo, indica que la crisis es similar a la que han vivido otros países que, al superarla, llegaron al desarrollo a través de un nuevo pacto social.

“Hay una gran percepción de inequidad. Eso se podría acumular y pasar a un movimiento político mucho más radical que trate de cambiar las cosas”. Así se refirió James Robinson, hace cuatro años y medio, respecto a la realidad chilena. El autor junto a Daron Acemoglu de “Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza” (2012) establecía un diagnóstico crítico sobre el país, centrado en la poca conexión entre la élite local y la falta de inclusión.

En entrevista con La Tercera PM, Robinson se refirió a esta falta de empatía por parte de las élites políticas con las demandas ciudadanas, lo que tiene directa relación con la exclusión educativa y sus consecuencias. Sin embargo, apunta a esta crisis como una oportunidad para que Chile dibuje un nuevo pacto social que le permita avanzar hacia el desarrollo.

-Usted ha investigado la estructura de la sociedad chilena y ha seguido su evolución en las últimas décadas. ¿Cómo ve el escenario del país?
-El resultado final que vas a recibir de la educación que tuviste en Chile realmente depende de tu origen social. La gente que fue a colegios de élite, por ejemplo, obtienen un retorno muy alto de la educación universitaria, pero personas que no fueron a esos colegios, que fueron a instituciones diferentes, no lo tienen. Aunque vayas a las mismas universidades, no obtendrás las mismas oportunidades. Creo que ésa es una fantástica ilustración de los problemas sociológicos más profundos que hay en Chile. Piensa en las palabras de la esposa del Presidente Piñera (Cecilia Morel), hablando de que hay que compartir sus privilegios. Esa declaración (N. de la R: el audio que se filtró) es increíble, e incluso es muy desconectada. Es un reflejo de que la élite chilena está muy desconectada de la gente, el hecho de que uses ese tipo de lenguaje es indicativo de la brecha entre la élite y las masas chilenas.

-Ha hablado del rol de la élite en Chile, con datos como que cerca de la mitad de los puestos relevantes son ocupados por personas que provienen de cinco colegios. ¿Qué tipo de cambios cree que se requieren hacer a partir de este escenario para alcanzar el desarrollo?
-Se requieren reformas fundamentales. Pienso que la Presidenta Bachelet tenía la idea correcta en términos de la reforma educacional, porque el sistema educativo chileno es fundamentalmente no inclusivo y es un vehículo para que se perpetúen los privilegios.

-Entonces, para usted no es sólo un tema de que la calidad de la educación sea mala, sino que el sistema global funciona de forma injusta.
-Sí. Ese sistema necesita ser abierto. Yo pensaría que esa clase de reformas educacionales profundas requieren muchísimo coraje. No es algo fácil de lograr y tienes que conseguir los recursos para hacerlas. Y creo que, de forma más amplia, necesitas pensar en cómo combatir la desigualdad y promover la movilidad social. Pero si algún país de Latinoamérica puede hacer eso, ése es Chile. Tiene un Estado que no es corrupto, es efectivo y tiene legitimidad. No es como Colombia o Venezuela o Argentina. Los chilenos pueden hacerlo. Y es lo que necesitan hacer. Es una cosa hacerlo en Argentina o Colombia, pero es otra hacerlo en América del Norte o Europa Occidental. Pero para llegar a eso, se debe enfrentar los temas.

-Usted escribió un libro llamado “Por qué fracasan los países”. De sus palabras se interpreta no sólo que Chile tiene una buena oportunidad de no fracasar, sino que está en una muy buena posición para superar los problemas, comparado con otros países de la región. ¿Qué tipo de estrategia se requeriría para lograr eso?
-Creo que se requiere fundamentalmente una reforma educacional profunda, que cambie el sistema y aumente las oportunidades. Pero es probable que esto también tenga que ver con tratar de abrir oportunidades de trabajo, para los emprendedores y para la competencia: todo lo que permita bajar las barreras que hay en la sociedad chilena para llegar a la cima. Ése era el problema de Inglaterra: si tú miras lo que ocurrió en la década de 1870 y ves las reformas educacionales que hubo, éso fue lo que hicieron. Ellos abrieron el sistema educacional, la educación pública, a una escala masiva, para todos, incluida la clase trabajadora, los más pobres. Eso incentivó la movilidad social y fue la base del éxito económico del siglo XX. Y es lo que los chilenos deben hacer. Por supuesto, tienes que financiarlo: tienes que subir los impuestos, pero eso fue lo que hicieron en Inglaterra, en Estados Unidos, en Alemania y en Escandinavia. Tienes que invertir en las personas y reducir los privilegios. Pienso que Chile es diferente. Eso lo ves. Para mí, Chile tiene el potencial de hacer esas reformas. Tiene las piezas en el lugar para hacerlo. Se necesita una especie de consenso nacional sobre los problemas y qué se va a requerir para seguir adelante. Pero otros países, como Colombia, no podrían hacerlo aunque quisieran.

-¿Entonces piensa que, al menos inicialmente, se requiere un rol más fuerte del Estado?
-Eso es correcto. Pero creo que estamos en un momento global donde el Estado se está volviendo más activo nuevamente. Hemos visto cuarenta años de desregulaciones y baja de impuestos, que han creado enormes desigualdades, sin generar enormes resultados económicos. Creo que habrá una reevaluación en todas partes del mundo sobre el rol del Estado, así que no pienso que eso sea un problema, desde el punto de vista intelectual o desde el punto de vista práctica.

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